Renta básica universal
Las intervenciones de transferencia de efectivo se han vuelto cada vez más populares como medidas de reducción de la pobreza tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados durante los últimos años. El aumento de la popularidad de estos programas se debe a su capacidad para cumplir los objetivos fijados, satisfacer las necesidades de los beneficiarios y permitir a los gobiernos administrarlos sin problemas y con bajos costos administrativos.
Haití ha puesto en marcha varios programas de transferencia de efectivo, tanto incondicionales como condicionales, dirigidos a determinados grupos de población. Sin embargo, todos estos programas compartían la característica común de estar limitados en el tiempo, la cobertura geográfica y el alcance. Vale la pena detenerse a considerar cómo se pueden remodelar estos programas combinándolos con intervenciones similares y transformándolos en una renta básica universal (RBU). Esta RBU se concedería de forma incondicional cada mes a todos los haitianos que viven en el país.
La implementación de una renta básica universal (RBU), fijada inicialmente en 120 dólares al mes y mantenida de forma constante en un nivel significativamente inferior al ingreso mensual medio procedente del empleo, podría proporcionar una vía más rápida para salir de la pobreza a muchas personas y familias. Esta renta se ajustaría según fuera necesario para superar de forma constante el umbral de pobreza. Uno de los beneficios esperados de la RBU es que mejorará automáticamente la clasificación del país en el Índice de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que, en 2025, se sitúa en el puesto 156 de 166 países.
Una revisión del Informe de Desarrollo Sostenible (IDS) 2025 de las Naciones Unidas (ONU) revela que los países con las mejores clasificaciones en el índice ODS (por ejemplo, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Alemania, Francia, Austria, Noruega, Croacia, Polonia, Chequia) suelen contar con un amplio sistema de apoyo social para su población, mientras que los que ocupan los últimos puestos (por ejemplo, Haití, Liberia, Madagascar, Níger, Afganistán, República Democrática del Congo, República del Yemen, Somalia, Chad y República Centroafricana) carecen sistemáticamente de dicho apoyo. La implantación de una renta básica universal en el país podría ser un primer paso necesario para reducir la pobreza.
Los países con mejor clasificación son más pacíficos, democráticos y prósperos económicamente, con puntuaciones más altas en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), lo que se traduce en mejores niveles de vida y una mayor calidad de vida. Los países con peor clasificación suelen sufrir inestabilidad económica, agitación política y conflictos, lo que se traduce en una baja calidad de vida y un IDH bajo. Se enfrentan a retos como los bajos ingresos, la educación inadecuada y la baja esperanza de vida.
Sin embargo, existe la preocupación de que los programas de transferencia incondicional de efectivo, como la RBU, puedan resultar inviables y insostenibles desde el punto de vista financiero. Además, estos programas podrían asignar fondos a personas que no necesitan dicha ayuda. Para abordar estas preocupaciones, el gobierno puede ofrecer a las personas la opción de renunciar a recibir la renta básica universal si no la desean o no la necesitan.
Los críticos pueden argumentar que un programa de este tipo podría suponer una carga para los presupuestos gubernamentales y desviar fondos de otros servicios esenciales, lo que podría empeorar las condiciones socioeconómicas generales. Estas preocupaciones ponen de relieve la asequibilidad y la proporcionalidad del programa de la RBU, pero no disminuyen su necesidad. De hecho, centrarse en el bienestar de las personas y las familias es la función principal de los gobiernos y un primer paso crucial para mejorar las condiciones socio-económicas generales.
El objetivo de la renta básica universal propuesta no es suplir los ingresos necesarios para satisfacer todas las necesidades de las personas y las familias, sino ayudarles a cubrir sus necesidades básicas. Por lo tanto, solo proporciona un límite mínimo de los ingresos necesarios para subsistir, es decir, la cantidad básica de ingresos necesaria para alcanzar un nivel de vida mínimo.
Inevitablemente, la implementación de una renta básica universal requiere desviar fondos de otros servicios esenciales, lo cual es una solución deseable. Cuanto más altos son los niveles de pobreza, mayor es la demanda de servicios necesarios y su uso. Dada la pobreza generalizada en todo el país, una renta básica universal podría ser un primer paso esencial para aliviarla.
El reto consiste en diseñarlo de la forma más asequible y sostenible posible, minimizando al mismo tiempo la carga administrativa del programa. A la luz de este debate, vale la pena considerar la posibilidad de limitar la renta básica a un grupo de población amplio unificado por una característica común, lo que podría ser más eficaz que un enfoque universal. Este enfoque podría garantizar que los recursos se asignen específicamente a quienes los necesitan, reducir el riesgo de despilfarro y abordar la cuestión de la asequibilidad.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com